Maras, polleros y bandas de criminales han provocado un fárrago turbador en la frontera sur de México, en donde se tejen historias tremebundas que no siempre terminan en final feliz

Rafael Díaz/Areópago. -

Todo comenzó con una promesa incierta de “nos vemos en poco tiempo”, acompañada de una sonrisa fingida que denotaba también una felicidad mojigata. “Es por el bienestar de la familia que tengo que marchar a los Estados Unidos, vieja; todo va a cambiar en muy poco tiempo”, dijo Antonio Hernández al despedirse con un tierno beso de su esposa y de sus hijos.

El tono, como le decían en el cantón donde vive, se acomodó la gorra, agarró la mochila, echó un vistazo más a su familia y emprendió el viaje hacia la tierra del tío Sam.

Llegó puntual a la cita en el lugar que le había indicado el pollero, que en ese momento era la llave que lo conduciría a las lejanas tierras.

José, el pollero, bajó de un auto de lujo y con el celular pegado a la oreja. “Te puedo llevar hasta México”, le dijo sin dejar de parlar por el aparato telefónico. “De ahí en adelante tendrás que contactar con Camilo, que será el que te pasará para el otro lado de la frontera norte”, concluyó José con una seguridad inspiradora.

Cuatro mil dólares fue el costo del viaje. El pasaporte que llevaba en mano antes de subir al camión era parte del trato. Decenas de hombres y mujeres que esperaban la instrucción de abordar los camiones, formaban una larga y tortuosa fila de soñadores. Sueño que para muchos se vuelve en una sórdida y cruel quimera.

Sobornos a policías, dolor, llanto, quejas, calor, sueño, hambre, sed, eran parte de la carrera. Y en ella Antonio vio cómo muchos de los que emprendieron la emigración caía uno a uno por las diversas dificultades que se les presentaban, ya sea en manos de los agentes de migración, secuestrados por bandas delictivas, asesinados o muertos por alguna otra circunstancia normal al efecto.

Y en el punto final de los finales: lo agarraron en una redada en el lugar donde trabajaba en Los Ángeles, California, y lo deportaron a su país de origen con las manos vacías para hacerle frente a los problemas que había dejado en casa. Pero vivió para contarla.

BEMOLES

Esta es una de tantas historias que terminan en decepción. Hay unas que tienen un final más agradable, pero con sus bemoles, y hay otras que nunca llegan a ser contadas por la desaparición de sus protagonistas.

Y un factor que coadyuva al fracaso de los migrantes es la idiosincrasia imperante en gobiernos que carecen o tienen políticas anémicas enfocadas al flujo migratorio, que se ha convertido desde hace muchos ayeres en una actividad económica para los polleros y en una constante lucha de los gobiernos que tratan de impedir el paso a como dé lugar a los que van a probar suerte en esas tierras. Llegando así al maltrato y a la vejación; una intolerable violación a los derechos humanos de los migrantes.

El paso por el país mexicano está lleno de intrincadas dificultades para ellos, donde los traficantes de personas son los principales agresores, capaces de lucrar con la fuerza física, la extorsión y peor aún la trata de personas sin distingo de edad, sexo o nacionalidad.

PUERTA SUR

El statu quo de la puerta sur de México es otro. El tema de la migración es uno de los más complejos porque tiene que ver con la integridad de los seres humanos. Y a éste se despliega uno de igual o mayor importancia: los derechos humanos.

El debate de los derechos humanos está en boga por todo el Orbe. Y es la Organización de las Naciones Unidas que no sólo se ha encargado de establecer los códigos de derechos humanos, sino que también ha instituido mecanismos para su promoción y protección.

Actualmente muchos países están trabajando en políticas migratorias que involucran el refuerzo de muros fronterizos, leyes autoritarias, aumento de agentes de migración y uso de tecnología para el control de la migración, y olvidan el trasfondo social que existe tras el fenómeno.

No toman en cuenta la interacción entre oferta y demanda de trabajo que es el motor que impulsa la migración, por eso es que no son efectivas.

Para poder aliviar en cierto porcentaje las necesidades y al mismo tiempo frenar la migración, es la generación de buenos empleos y ofrecer alternativas en el país de origen y no erigir muros.

La migración de chiapanecos hacia Estados Unidos comenzó a partir de los años 30, donde la Selva Lacandona había servido como válvula de escape para la tensión social creada por la falta de tierra.  Las políticas neoliberales impulsadas a partir de 1982 con el gobierno de Miguel de la Madrid cancelaron las políticas de protección al campo mexicano. 

Más tarde las consecuencias del TLCAN, en vigor desde 1994, dejaron sin salida comercial a los productores del campo. Esta crisis obligó a miles de chiapanecos a abandonar sus comunidades y sus tierras en búsqueda de una salida.

LA SEGURIDAD

Ubicado en una frontera marginada en donde se da un fárrago turbador producto justamente de las actividades ilícitas, Chiapas es sin duda una posición estratégica para el país porque es la puerta de entrada y salida a Centroamérica, ésta una región históricamente emponzoñada de violencia y de pobreza.

En la franja fronteriza de Chiapas se vive un estado de cosas que se incubó al paso de la indolencia oficial. Allí se da una grave problemática porque el hambre y las guerrillas que zarandean a los pueblos centroamericanos obligan a sus miserables habitantes a dirigir la mirada a los Estados Unidos, siendo Chiapas el punto clave por donde se inicia la pesadilla del sueño americano.

Así, todos los días miles de indocumentados llegan a esta frontera con el designio de iniciar un Vía Crucis. Los migrantes aquí mueren en los ríos, en los montes, en las veredas, en los puentes, en los caminos perdidos o en el ferrocarril y ni siquiera se sabe el número exacto de víctimas y de muertes.

El resultado de la impericia de gobiernos del pasado enclocó un contexto enmarañado porque entonces aparecieron bandas de delincuentes que se encargan del tráfico de humanos y de drogas, convirtiendo a la frontera sur en un corredor de lo ilícito.

A la lucha que sostiene el crimen organizado entre sí por el control del comercio de ilegales, se suma ese otro cáncer endémico que representa el activismo gansteril de la falange Mara Salvatrucha, nacida en California, Estados Unidos, en la década de los ochenta y hoy sorprendentemente ramificada en las ciudades más importantes del vecino del norte y, desde luego, como insectos en toda la región centroamericana.

La atmósfera parece ser apocalíptica. Sin embargo, se trata de una guerra entre catervas de mafiosos que con cuernos de chivo acuden al ajuste de cuentas para hacer sentir su predominio, para marcar un espacio o para saldar una afrenta o una deslealtad a la pandilla.

La violencia es entre un fragmento bien reconocido en el que nada tiene qué ver el ciudadano que produce y trabaja con entusiasmo. Si una adolescente fue violada y asesinada por un muchacho de 18 años luego de una relación sentimental tortuosa entre ambos, claro que es un caso lamentable, pero nada tiene que ver con un escenario de inseguridad generalizada en el que la vida y el patrimonio de los ciudadanos estén expuestos a la catástrofe.

LA ESTRATEGIA

Ergo, las acciones ordenadas por este gobierno están orientadas a cerrar el paso a las hordas de criminales que entre ellos sostienen una refriega sin cuartel y a muerte en aras de una hegemonía estratégica que les siga dando poder y dinero.

El plan gubernamental es amparar la integridad física y los bienes de la gente. Se trata de un proyecto brioso no para el desfogue del abuso en contra de particulares, sino para cercar y combatir con precisión y carácter, con toda la fuerza de la legalidad, a tropeles de canallas y facinerosos que se sienten dueños y patrones de ese territorio desdeñado por otros gobiernos.

Hoy es otro el entendimiento del ejercicio de gobierno. El propio gobernador Rutilio Escandón Cadenas coordina las acciones en una franca demostración de su preocupación para que allá y en todo Chiapas se preserven el orden y el estado de derecho, evocando el imperio de la ley.