Relata la Biblia que, furioso, un día Dios lanzó una lluvia de fuego y azufre sobre esas dos ciudades para terminar con tanto pecado

La capital se hunde en el fango del vicio envileciendo a nuestros jóvenes; sólo la 16 poniente está inundada de cantinas y antros

Rafael Díaz/Areópago. -

La madrugada del 8 de julio de 2017, seis jóvenes ingresaron a la habitación 49 del hotel Troya, en Tuxtla Gutiérrez. Llegaron en un sólo vehículo. Venían de una noche de diversión en un bar ubicado en la 16 poniente norte, donde bailaron, rieron y se tomaron unos tragos.

La capital de Chiapas es una ciudad segura, así que ellos pensaron que sería una lástima no disfrutarla. Iban tres varones. Se reunieron en el antro y ahí conocieron a las femme fatalé cayendo hechizados por sus encantos.

Después de una buena velada, al calor del alcohol y la excitación decidieron seguir la fiesta en otro lugar. Pagaron la cuenta, se subieron al automóvil y se pusieron en marcha rumbo a aquel centro de placer, lujuria y aquelarre.

(El hotel Troya es el único en Tuxtla que tiene el sillón llamado el potro del amor. Dicen, no me consta, que en él se pueden practicar maravillas sexuales con las que se toca el paraíso).

Una vez en el cuarto siguieron bebiendo y tuvieron sexo entre pasiones desatadas como en la época de los romanos.  Uno de los chicos relató que bebió algunas cuantas cervezas y se acostó con una de las tres mujeres.

Pero minutos después se mareó y perdió el conocimiento. Al despertar notó que tenía una herida en la cabeza. Otro yacía en la cama. “Supuse que dormía”, dijo. El tercer hombre ya no estaba y tampoco ninguna de las acompañantes. También le habían robado sus pertenencias.

Desesperado, Marco salió corriendo de la habitación 49 para pedir ayuda. Un mucamo del hotel que se lo encontró en el paso lo socorrió. “¿Está todo bien, señor?”, le preguntó. No supo qué contestar.

El joven trabajador tomó el teléfono de la oficina y marcó el número de emergencias.  Breve lapso más tarde, los agentes policiacos y ministeriales le dijeron que su amigo había muerto. Él entró en una grave crisis emocional.

THRILLER

Al darse a conocer el fallecimiento de Luis A, la Fiscalía de Distrito Metropolitano a cargo de Neri León Aragón realizó una serie de entrevistas a amigos, conocidos y familiares de la víctima.

Fueron investigados los dos hombres que lo acompañaron aquel fatídico sábado 8 de julio, los meseros y encargados del bar y los empleados del auto hotel.

Al practicarle la necropsia de Ley, la Dirección General de Servicios Periciales de la Fiscalía General concluyó que Luis murió de infarto masivo al miocardio. Su cuerpo no presentaba ninguna lesión física ni heridas por arma de fuego.

Los peritos de criminalística de campo, completamente certificados, reportaron que no hallaron indicios de que hubieran utilizado algún tipo de arma, por lo que se construyó la hipótesis de que el infarto fue provocado por el uso de sustancias en la bebida.

En el deshago de las pesquisas, la Fiscalía de Distrito obtuvo los videos del circuito de vigilancia del bar, donde se observa a las seis personas compartiendo y el momento en que se retiran. Igualmente tuvo acceso a los videos del hotel Troya.

Luego de la investigación, el Juez de Control giró orden de aprehensión en contra de Estefanía “N”, presunta asesina de Luis, quien fue detenida el 26 de julio de ese mismo 2017 por elementos de la Fiscalía General.

Estefanía, que usaba el mote de Cinthia, es originaria de Tamaulipas y se dedicaba a la prostitución. Al igual que sus dos compañeras. Fue recluida en el penal El Amate por los delitos de homicidio y robo.

Era, ni más ni menos, cabecilla de una organización criminal cuyo modus operandi (se cree) consistía en el uso del Ciclopentatolato, que es un compuesto oftálmico que dilata la pupila y causa parálisis a corto plazo. La sustancia en exceso y combinada con alcohol es fatal. Por eso se les conoció como las goteras asesinas.

DISPOSICIONES

El jueves 21 de marzo de 2019, Con la finalidad de establecer disposiciones que regulen y mejoren el funcionamiento de los establecimientos dedicados al almacenaje, distribución, venta y consumo de bebidas alcohólicas, los integrantes del cabildo capitalino aprobaron por unanimidad el Reglamento de Verificaciones y Clausuras en el Municipio de Tuxtla Gutiérrez, mismo que será enviado al H. Congreso del Estado de Chiapas para su aprobación final.

El Reglamento, derivado del Convenio de Colaboración Administrativa, suscrito con la Secretaría de Salud en Chiapas, contiene facultades que permiten al ayuntamiento capitalino determinar los horarios y días de funcionamiento, así como verificar, tramitar los procedimientos administrativos e imponer las sanciones a dichos establecimientos ante el incumplimiento de las obligaciones y prohibiciones contenidas en esta normatividad.

En este sentido, el ayuntamiento tendrá la obligación de elaborar y mantener actualizado un padrón municipal de distribuidores, productores y expendedores de bebidas alcohólicas, así como proponer campañas de prevención como la de conductor responsable y otras que tengan como objetivo concientizar sobre el abuso de bebidas alcohólicas y la prevención de accidentes automovilísticos.

El presente ordenamiento también establece las obligaciones para el funcionamiento de estos establecimientos, con el objetivo de garantizar el orden y la seguridad en esos lugares en materia de protección civil, control sanitario y otros aspectos más, que de no cumplirse serán motivos de sanciones.

PROHIBICIONES

Con el mismo objetivo se establecen diversas prohibiciones y el requisito de contar con la licencia expedida por autoridad competente, de tal forma que el establecimiento que no cuente con su licencia respectiva será considerado clandestino.

En materia de inspección y vigilancia, el Reglamento fija la aplicación de los procedimientos instruidos en el Reglamento de la Ley de Salud del Estado de Chiapas. Este mismo Reglamento se aplicará en el caso de las sanciones y medidas de seguridad, y se establece una serie de casos en las que los propietarios o encargados de estos lugares pueden hacerse acreedores a una sanción, que va de una multa hasta la clausura definitiva del establecimiento, independientemente de otros hechos que pudieran constituir delitos graves sancionados por la legislación estatal o federal.

Finalmente, la determinación de elaborar este documento normativo y atraer las facultades en esta materia al ayuntamiento, se fundamenta en la necesidad de establecer acciones directas que reduzcan el consumo del alcohol en diversos sectores de la población, generando efectos benéficos para la salud y previniendo consecuencias en accidentes de tránsito, violencia familiar y diversos hechos delictuosos que muchas veces son provocados por el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

SODOMA Y GOMORRA

Cuenta la Biblia en el Antiguo Testamento que Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades en donde la perversión sexual no tuvo límites. Vicio, prostitución, enajenación, placeres inmundos y depravación se ejercieron desenfrenadamente hasta hacer enojar a Dios.

Justamente el término sodomita viene de ahí y hace referencia, sobre todo, a las prácticas homosexuales. En aquellos tiempos no había berreras para la lujuria. Se amaban hombres con hombres y mujeres con mujeres. Y ellos incluso presumían ese libertinaje. –

 Un día, ya furioso, Dios lanzó una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra para desaparecer cualquier criatura viviente y así acabó con el pecado. (El que pecare con varón, como si éste fuera hembra, hicieron cosa nefanda; mueran sin remisión, caiga su sangre sobre ellos. Levítico 20.13).

Dios no lo quiera, pero, si un día se llegase a enfurecer, quizá haría lo mismo con Tuxtla porque aquí el alcalde Carlos Morales Vázquez, con eso de que anda súper sobrado con su triunfo y acosado por rencores, sólo ha hecho intentos por gobernar y ha caído en un ridículo protagonismo. (Como cuando, muy fifí, tomó su escoba y salió a barrer un pedacito de calle para que su equipo de prensa le tomara una foto y la subiera a su Twitter. Pero le salió el efecto bumerang).

Tuxtla está inundada de cantinas, antros, burdeles, o como usted le quiera llamar. La 16 poniente, en la llamada zona dorada, es prácticamente la cantina más grande de Chiapas en donde se echa a perder a la juventud despiadadamente. –

Ojalá que Dios no se enoje…