Para un indio pata rajada como el redactor de este bodrio escuchar el nombre de Rhosby Barker le supone, de inmediato,  una dama nacida en los Estados Unidos, de raíces genuinamente estadunidenses y oriunda y racista  hasta el tuétano como el mismísimo Donald Trump. El nombre no sólo se escucha padre, sino  también impone. Rhosby Baker, sí suena genial, de mucha alcurnia.

    Pero qué cree: Rhosby  Barker no es la chica estadunidense rubia, alta y güera que suponíamos, de ojos azules y de un inglés perfecto.

    Es nuestra  querida paisana Rósbita López Aquino que nació en Tapachula, hija de un comerciante y fue diputada en el Congreso en los últimos tres años del gobierno de Sabines, cuando la depredación de los recursos públicos era  prioritaria porque el sexenio llegaba al ocaso.

(Ese sexenio, al igual que le dejó a Chiapas 350 mil pobres más, también procreó nuevos ricos, entre ellos los hermanos Antonio y Alejandro Gamboa López que de vender tamales y arroz con leche en las terminales de autobuses pasaron a acaudalados millonarios).

    Le decía: Rhosby Baker se llama así porque casó con el estadunidense Mark Howar Baker y en Estados Unidos la cultura del país lo exige. Es una tradición que se volvió regla, más bien dicho. Al contraer matrimonio, una mujer automáticamente adopta el nombre del consorte y abandona el apellido de soltera. Por ejemplo: doña Michelle Obama se llama Michelle Robinson por el apellido del padre, pero todos la conocemos como Michelle Obama. Si se divorcia, entonces vuelve al nombre primigenio.

    Por una genialidad quizá etílica (mariguanada, dijo el penalista Horacio Culebro Borrayas), en ese sexenio se creó la figura del diputado migrante que en realidad sólo representó una altísima carga tributaria para los chiapanecos porque en lugar de darles de comer muy bien a 40, tuvimos que mantener a 41 diputados. La primer diputado migrante fue precisamente la señora Rhosby Baker.

    En Estados Unidos se calcula hay 300 mil chiapanecos. Una gran mayoría está diseminada en el estado de Utah, principalmente en la capital Salt Lake City. Utah es quizá útero de la religión mormona y sus predicadores tienen ideas retrógradas, odian a los homosexuales y son conocidos por su poligamia.  

    (En 2002 todo Utah y gran parte de Estados Unidos se estremeció y lloró con el thriller de Elizabeth Smart. En junio de ese año, ella dormía en su casa cuando hasta su recámara entró un sujeto con barba sucia hasta el pecho quien, a punta de cuchillo, la secuestró y mantuvo cautiva durante 9 meses. En todo ese tiempo, todos los días y hasta tres veces al día, el repugnante sujeto la violaba, drogaba y obligaba a tomar alcohol. El hombre era ni más ni menos que Brian David Mitchell, un pastor de la iglesia mormona de Salt Lake City con aspecto de vagabundo. Elizabeth era una nenita de sólo 14 años de edad. Mitchell espera cadena perpetua).

    Haiga sido como haiga sido pues hay quienes suponen que la señora vendió comida en el mercado de Tapachula antes de tener ese nombre chévere y extravagante, Rhosby Baker puede llamarse así y eso no se le discute. Adoptó una cultura que no es la suya ya sea por desprecio a la nuestra, por complejo o para sentirse estadunidense, pero ese es asunto suyo. Muy su bronca.

    El tema es que a nombre de los chiapanecos que están de ilegales en Estados Unidos se ande rasgando las vestiduras. Otra vez.  Eso sí es realmente hipócrita, ofensivo y hasta políticamente deshonesto. La señora no tendrá problemas porque tiene la ciudadanía de Estados Unidos. Sus hijos nacieron allá. Ella va y viene cada que se le da la gana porque es ciudadana estadunidense. Y Chiapas, bueno Chiapas es como hacer un picnic.

    (Si la vemos en el Toks de plaza del sol, porque ahí llega a tomar café, jamás nos imaginaríamos que nos estamos codeando con una ciudadana estadunidense. Qué tal eso.)

    Doña Rhosby Baker no conoce a los 300 mil chiapanecos que hay allá. Ni a diez. Y que diga lo contrario. Sí conoce muy bien al Cónsul Sabines porque son cuatachos y porque la diputación migrante que tuvo se la debe a él. (Qué bueno que desapareció ese escaño del Congreso del Estado).

    Ella, que presume ser muy amiguis de Hillary Clinton, lleva una vida holgada y placentera sin complicaciones. Es ciudadana estadunidense. Jodidos los paisanos que están en los campos agrícolas en la pizca de la fresa o del limón, en interminables jornadas de trabajo. Esos paisanos sí están amolados porque dejaron su tierra y allá están peor. Van por los surcos escuchando canciones de los tigres del norte o de Rigo Tovar y atrás suyo va un capataz dándoles de latigazos en la espalda para que no aflojen el ritmo de trabajo. Pobrecitos.

   HIPÓCRITA

    Rósbita López Aquino tiene una fundación que se llama Rhosby Baker, como ella. Ha sido duramente cuestionada por su proclividad a la simulación. En asuntos álgidos como ahora que ganó Trump aprovecha la coyuntura para pararse el gollete. Pero, como dicen en Cintalapa, que le compren quienes no la conocen. ¿Será que después de escuchar a Rósbita López Donald Trump va a cambiar su política migratoria? Capaz. Hasta juras.

    Le doy un dato: El año pasado fue repudiada porque trató de sacar raja política de un hecho doloroso. En abril desapareció misteriosamente la chica Elizabeth Laguna Salgado, de 26 años de edad, quien en marzo de ese mismo año llegó al pueblo de Provo, contiguo a Salt Lake City. Hasta la fecha no hay rastros de Elizabeth y es probable que se trate de un caso similar al de Elizabeth Smart.

    Rósbita dijo que estaba muy preocupada por esa desaparición y hacía grandes esfuerzos contribuyendo con las autoridades policiales de Estados Unidos para localizarla. Los padres de Elizabeth la desmintieron y le prohibieron hablar de su tragedia.

    En boca cerrada no entran moscas enseña el refrán. Los sabinistas no están autorizados moralmente para tratar cuestiones delicadas de los chiapanecos. Lo que tenga que ver con el sabinismo hiede, contamina, apesta a vómito. Punto. Que ella siga llamándose Rhosby Baker y que siga con su fundación que nadie la molesta. Cada quien a lo suyo.  

    PD. (Debo aclarar que con la expresión inicial de indios pata rajada no se pretende  ofender a nadie. Si hay quienes se sienten ofendidos o creen hay un gesto de discriminación, reculo y ofrezco disculpas. Tampoco pretendo destrozar la pureza de nuestro idioma. Sólo es una expresión recogida de la calle, que usamos con frecuencia. Para ir ad hoc con el tema lo diré en inglés: INDIAN WITH A CUT FOOT. Hay me corrigen, por favor).

    (PD1. Lo de la señora  Rhosby Backer  me recuerda al chiste negro de FranCois (Fransuá) du la sensualité. Francisco, el chico gay que se fue a Francia y luego regreso a Tuxtla en el barrio niñito de Atocha. En Tapachula, aunque ella se ponga Rhosby Backer, seguirá siendo Rósbita López, como FranCois). ¿O no?