Un estadista une, suma y resuelve sin culpar al pasado ni mucho menos divide a sus gobernados. Es lo que enseñó anoche el presidente de todos los estadounidenses.

FINANCIERO.- Anoche el presidente Joe Biden dictó una clase magistral, en la forma y en el fondo, sobre cómo debe gobernar un estadista en momentos de crisis.

A diferencia de su mentiroso e insensible antecesor, lo primero que hizo fue empatizar con las víctimas del Covid, con “los muertos que ni siquiera pudieron tener un funeral”, con “el sufrimiento de los que han perdido a familiares, sus empleos, sus negocios”.

De la bolsa del saco extrajo una tarjeta blanca, en la que lleva apuntado el número actualizado de las personas que han fallecido por Covid en Estados Unidos: 527 mil 726.

Fue su primer mensaje a la nación, e hizo lo que se debe: dirigirse a 'la nación', sin exclusiones, con un discurso de unidad para derrotar juntos, “unidos como un solo pueblo, a uno de los periodos más oscuros de nuestra historia”.

Qué diferencia con Trump, quien siempre dividió e insultó, hasta en los momentos más solemnes, a los que no se le rendían como vasallos.

Ni por asomo culpó a su antecesor del desastre sanitario, del recorte a los presupuestos a la investigación científica, del desdén por la gravedad de la pandemia, que puso a Estados Unidos como la nación más vulnerable del mundo ante la expansión mortal del virus.

Un estadista une, suma y resuelve sin culpar al pasado ni mucho menos divide a sus gobernados. Es lo que enseñó anoche el presidente de todos los estadounidenses.

Resolver, sí, un estadista resuelve. Y para ello necesita conciliar en favor de la nación. De esa manera logró 100 millones de vacunas adicionales a las que ya tiene de Pfizer-BioNTech y Moderna.

En el mensaje de anoche, con motivo de cumplirse un año de que el Covid fue declarado pandemia, explicó que se reunió con ejecutivos de Johnson and Johnson y su empresa competidora para alentarlos a hacer un paréntesis, unirse, y se logró: 100 millones de vacunas que con un solo pinchazo evitan el Covid.

Para eso sirve el gran poder de una presidencia, para unir y resolver.

Con esa manera de trabajar, el primero de mayo todos los adultos que aquí viven podrán estar vacunados y el país iniciará el regreso a la normalidad el día de su independencia.

En la cátedra sobre cómo enfrentar una crisis como ésta, no faltó un elemento fundamental en el quehacer de un estadista sin complejos: escuchar y hacer caso a los que más saben. Para recuperar la normalidad, dijo Biden, la única manera es derrotar al virus.

Y para ello es necesario vacunarse, dicen los científicos (mencionó al doctor Anthony Fauci), por lo que el presidente se dedicó a invertir en vacunas.

Batalló por un plan de apoyo que incluye una suma millonaria para producción, distribución e infraestructura para vacunar a todos los adultos. Eso no lo sabían los políticos, pero los científicos sí, y sólo había que escuchar con humildad y actuar con decisión.

En el terreno económico había que inyectar dinero donde se necesita: en las personas, en las empresas medianas y pequeñas, en ciencia, en un mejor sistema de salud, en las escuelas.

Por eso firmó ayer el programa de rescate por casi 2 billones de dólares, que no serán tirados al agua, sino que servirán para ayudar a las personas, para reconstruir la actividad económica, el consumo, el apoyo a la infancia y el regreso a clases.

Así, a fines de año Estados Unidos habrá derrotado al virus, estará en pleno crecimiento económico y creando millones de empleos.

America is coming back, podría ser el titular de un periódico estadounidense que resumiera lo expuesto ayer por el presidente.

Un presidente no le miente a sus gobernados, fue otra de las lecciones que dio anoche Joe Biden.

No echen campanas al vuelo, dijo. A seguir con la mascarilla (que él mismo llevaba, en negro, y se la quitó sólo para hablar, pese a ya estar vacunado) y las medidas elementales que recomiendan los científicos. “Y cuando nos equivoquemos, lo vamos a reconocer” y a corregir, sostuvo.

Sí, qué diferencia con Trump, que mintió a diario, nunca admitió un error, ni siquiera la mascarilla (el viernes que estuve en todos los alrededores de Mar-a-Lago, no vi a nadie con cubrebocas, ni a los policías ni guardias), y por tanto, no corrigió. Se burló de la gravedad del Covid, desprestigió a los científicos, culpó de todo al pasado y a sus adversarios. Dejó medio millón de muertos.

También anoche hubo una lección sobre cómo se lucha políticamente contra un populista que tiene seguidores y ambiciones: él y la vicepresidenta Kamala Harris harán, a partir de ya, una gira por todo el país con el objeto de explicar el plan de rescate económico, y señalar qué se puede y no se debe hacer en esta etapa final de la pandemia.

Es decir, no basta con tomar las medidas correctas, ni enviar un cheque por correo. Hay que explicar una y mil veces. Convencer.

Y mostrar personalmente la empatía con un “pueblo que quiere reír, que quiere abrazar, alentar a los padres que no han visto a sus hijos, a los abuelos que quieren ver a sus nietos, a los que sufren y tienen sus corazones quebrantados” por la pandemia y la crisis económica.

Así, haciendo política y actuando como estadista y no jefe de facción, parece que Biden lo va a lograr: “Saldremos más fuertes”. Es posible.