VICEVERSA

por Abigaíl Domínguez.

El olvido institucional.
Para Mariana Sánchez, estudiar la carrera de medicina siempre fue su inquietud, originaria de la Ciudad de México, Mariana vino a temprana edad para vivir con sus abuelos, mientras su madre, arquitecta de profesión buscaba la oportunidad de vida en la ciudad de Saltillo. A los 25 años y con un futuro prometedor Mariana le faltaba realizar su servicio social previo a comenzar su residencia, para ello, recibiría una beca de 3000 pesos al mes, la asignación del centro de salud sería por promedio escolar, ella salió asignada al centro de salud de Nueva Palestina, una comunidad indígena en el municipio de Ocosingo (Chiapas), en agosto.

Desde el principio del servicio social, para Mariana fue un calvario, instalaciones paupérrimas, espacios de vivienda deplorables, una comunidad con tradiciones marcadas por la cercanía a la frontera de Guatemala y sobre todo el evidente olvido de las autoridades tanto estudiantiles como las de Secretaria de Salud y Jurisdicción Sanitaria, eso sería su cotidianidad durante un año de servicio. La Universidad pone cada año a disposición de la Secretaria de Salud a los estudiantes que necesitan hacer un servicio social y está dispone a donde van a ir a realizar las prácticas, en ambos casos las instituciones no tienen mayor compromiso de responsabilidad, los estudiantes son en la mayoría de los casos quienes terminan erogando los gastos necesarios para que puedan realizar sus prácticas.
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El calvario
Cuando Mariana llego a Nuevo Palestina, se topó con el horror que sufren la mayoría de las mujeres en el trabajo, el acoso fue tal que varias veces llamó a su madre para quejarse, sin embargo, la necesidad de acabar el servicio social hizo que Mariana soportase el tormento; Después de que una noche de noviembre un compañero borracho forzara su cuarto para abusar de ella, acudió a la policía y puso una demanda por acoso y abuso sexual, había hecho lo que solo una de cada 10 mujeres hacen en México: poner una denuncia y esperar a que las autoridades actuaran. Fue el inicio del suplicio, su centro de trabajo pertenece a la jurisdicción de Palenque, la comunidad de Nueva Palestina queda a más de 6 horas de camino en coche propio, la queja que interpuso en primera instancia fue laboral, denunció la violencia y acoso a que era sometida y exigió su cambio, la dependencia dijo que tomaría cartas en el asunto y le recomendó un descanso, la Universidad marco un desplante ante la situación y dijo desconocer el asunto.

La violencia hacia las mujeres ha ido en aumento durante los últimos años, lastimosamente las acciones de gobierno solo quedan en discurso, de enero a junio del 2020, se registraron más de 500 feminicidios en México, lo que representa más del 10% en su comparativo del año anterior, En Chiapas fueron asesinadas el año pasado 70 mujeres: 29 reconocidas como feminicidios y 41 como homicidios, según las cifras estatales. Mariana hoy se convierte en una cifra más, en una mujer violentada y asesinada por la condición a la que se tuvo que enfrentar a pesar de su futuro promisorio.
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La revictimización
La violencia contra las mujeres es, lamentablemente, una realidad muy activa en México. Una mujer víctima, aparte del daño que sufre por el delito, tiene dificultades para acceder a la justicia y sufre del perjuicio de la sociedad, si a esa violencia la volvemos repetitiva es aún mucho peor, el sufrimiento añadido por parte de las instituciones encargadas de prestar atención a las víctimas produce un sufrimiento permanente durante el proceso judicial u administrativo, haciendo que la mayoría de veces la víctima decline su procedimiento.

Para mala fortuna, la muerte de Mariana Sánchez ocurrió en tiempos electorales, un día después de su muerte, en redes sociales la mayoría de partidos políticos exigían el esclarecimiento de su muerte, aun sin conocer las causas que la orillaron, hablaron sin conocer de las circunstancias, de la comunidad, del sistema de salud, del sistema educativo y en ningún momento se colocaron del lado de la familia, bajo el posicionamiento en redes sociales de #JusticiaparaMarina se organizaron marchas, ruedas de prensa y más de un candidato reutilizo la imagen de Mariana acompañada de su logotipo político o peor aún acompañada de su propia imagen exigiendo justicia. Su grito de justicia fue el grito momentáneo, mediático, ese mismo que alza su voz cada tres años, que toma cualquier arista para impulsar su pobre campaña, no importa el daño que haga, lo que importa es salir en la foto y si bajo la circunstancia de la pena o tristeza pueden ganar puntos, así lo hacen.
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El día a día.
La violencia hacia Mariana nos puso otra vez de frente la inseguridad, la perversión, la realidad de que en este país asesinar mujeres es una de las cosas más sencillas, porque no se investiga, porque las autoridades si no ven escándalo en los medios dejan pasar por alto el trato que deberían darle a cada caso, a cada mujer asesinada. Después de la presión social, la Fiscalía tomo cartas en el asunto, desafortunadamente el cuerpo de Marina fue incinerado sin consentimiento de la familia, incinerar un cadáver tras una muerte violenta, incluso aunque se trate de un suicidio, va en contra del protocolo básico que manda el Código Federal de Procedimientos Penales. La primera necropsia arrojaba pocos datos sobre la muerte, pero apuntaba directamente al suicidio. El abogado privado de la madre busca a contra reloj estos días otros indicios para demostrar la hipótesis del asesinato.

Hoy las consecuencias son mayores, la comunidad de Nueva Palestina hoy ya no tiene servicios de salud, las autoridades estatales lo restringieron por cuestiones de seguridad, dejaron en el olvido a una comunidad de por sí abandonada a su suerte y no solo se verá reflejada en esa localidad, también en otras ubicadas alrededor de ella y que contaban con la clínica de campo para cualquier emergencia.

Para los familiares de Mariana vendrá la lucha constante hasta lograr justicia, será una lucha cuesta arriba, solitaria, la presión mediática poco a poco se desinfla y es un tema pasado, la política ávida de reflectores buscará otra historia que le dé mayores puntos; lo siguiente talvez sea pedir a las autoridades municipales, estatales y universitarias mayores prestaciones a los que realizan un servicio social, o dotar de mejores garantías a todas y todos los alumnos que prestan un servicio de salud a favor de la ciudadanía.
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No hay mejor retrato de lo que pasó que lo escrito por su amiga Paloma Camargo, “… No quiero que Mariana se vaya sin que su muerte genere un cambio sin que las voces más débiles como la de ella sean escuchadas. Mariana fue víctima de un sistema que trata de minimizar la depresión y el abuso.”