La Alianza que va por México.


Por: Abigail Domínguez.


Se acerca para México un año decisivo. En 2021 tendrán elecciones que bien pudieran cambiar el rumbo del país. Hasta ahora el gobierno del presidente López Obrador, quien recién cumplió dos años en el ejercicio del cargo, ha sido como un espectáculo de pirotécnica, de esos de cajitas guatemaltecas, es decir, muy bonito pero una vez consumida la pólvora solo queda el humo; sin embargo, aún tiene altos índices de aprobación y favorabilidad en las encuestas.

Un país con casi 70 mil víctimas mortales por la violencia en un año, donde 70 millones de mexicanos no tienen ingresos suficientes para adquirir la canasta básica, más de medio millón de empresas están al borde de la quiebra y miles más han cerrado; más de 15 millones de ciudadanos han perdido sus empleos, ya casi alcanza las 110 mil muertes oficiales por Covid-19; la pregunta que surge es, ¿Cómo logra el presidente López Obrador, tener índices de aprobación tan altos?

Las posibles respuestas pudieran estar en el origen de su elección, es decir, el que haya ganado arrolladoramente como consecuencia de que los mexicanos querían un cambio -sin importar que significaba eso- la única condición era que, “los de siempre se fueran”; por eso los ciudadanos hicieron una apuesta fuerte y lo lograron. La segunda parte de la respuesta pudiera encontrarse en el manejo de la narrativa de estos dos años, donde el héroe -López Obrador- es atacado por “los de siempre” bajo un argumento irrelevante para la gran mayoría de los mexicanos, de que -AMLO era/o es una amenaza para la democracia, por lo cual se tenía que ir. Paralelamente la narrativa del presidente ha sido poner más leña al fuego, es decir, polarizar aún más con argumentos como “son los de siempre, los conservadores, los neoliberales, que se lo robaron todo y dejaron al pueblo en la miseria”.

Lo que ha sucedido es que ambas partes cavaron una enorme zanja divisoria que separa a los mexicanos poniéndolos de un lado o del otro, disipando cualquier oportunidad de diálogo, imposibilitando los acuerdos, fragmentando el país en una combinación peligrosa de agresión y desconfianza. La oposición mexicana no ha prestado debida atención a lo que la mayoría del conglomerado social estuvo manifestando en los últimos años, líderes que se mantuvieron encerrados en un diálogo de sordos tratando de imponer sus ideas sobre las de los otros, no escucharon a las gentes.

Hoy deberían hacer un mea culpa y dejar los egos atrás generando una gran alianza entre partidos opositores y otros sectores de la sociedad, para afrontar las elecciones de 2021; es una gran oportunidad para que activen la escucha y a través de la ciencia logren hacer las preguntas correctas e interpreten adecuadamente las respuestas. No se debe dejar de lado la realidad a la hora de tomar decisiones, no se puede ignorar el mensaje que emana del pueblo y solo seguir emocionalmente las creencias propias.

De momento, una alianza electoral circunstancial, -anti AMLO- no logrará buenos resultados. Oponerse por oponerse es hacerle el juego al presidente López Obrador, es ahondar en esa zanja que hoy divide a los mexicanos, y eso es exactamente lo que él desea, pues, entre la narrativa divisoria, la consulta del -si se enjuicia o no a los expresidentes- y el referendo revocatorio del mandato de AMLO, se está logrando plebiscitar la elección; es decir, sin ser candidato AMLO estará en la boleta electoral y es él el que tiene los votos, no sus candidatos en los estados. Si los votos los tiene el presidente López Obrador la alianza de los partidos de oposición no puede ser meramente electorera, dividiéndose el país en cuantos candidatos a gobernador llevará cada partido. Esa estrategia además de mezquina pudiera ser un error.

El enfoque de esa gran alianza debe estar centrada en los ciudadanos, en consecuencia, la narrativa debe girar en torno al sentir de los mexicanos más desfavorecidos, para conocer cuáles son sus realidades, angustias, anhelos, sus necesidades no satisfechas y cómo esa alianza será capaz de darle respuestas efectivas a esas angustias y necesidades tan sentidas.

En esta elección el presidente López Obrador tratará de plebiscitarla para estar en la boleta electoral, pues él sabe que tiene los votos; así que, para sacarlo de la contienda la alianza deberá escuchar con atención al ciudadano, no caer en la polarización de los temas nacionales; por el contrario, deberá establecer un diálogo franco, abierto, sincero con los mexicanos generando la certidumbre de que -la alianza- está para desarrollar juntos soluciones para todos, y no para un grupo. Por lo tanto, el éxito de esa alianza debe estar determinado por la escucha con honestidad y la capacidad de demostración al ciudadano de que -no es un mero acuerdo electoral- que es un mecanismo necesario y oportuno para dialogar y unir sin exclusiones, y juntos buscar e implementar soluciones que hagan de México un país más digno.

Finalmente, la campaña de comunicación de los candidatos de la alianza, deberá centrarse en encontrar las empatías necesarias para lograr una conjunción de ideas que dejen de polarizar y por el contrario abonen a un crecimiento y/o un sentimiento de propiedad local en donde permanezca el orgullo y el amor por el municipio o distrito a competir, quien no haga esto estará destinado a ser otro espacio más en una boleta electoral que no llevará a nada.